Reflexiones, Vivir viajando

Volver a habitar espacios perdidos

Después de haber vivido fuera una temporada hay espacios que dejan de ser tuyos: la ciudad, tu casa, las quedadas de amigxs que han sucedido sin ti. El mundo ha seguido girando y tú has girado con él.

Pero a la vuelta, no es sólo que ya no seas la misma persona que se fue, es que el mundo sigue girando y tú tienes la sensación de estar parada, de que todo avanza menos tú. Es normal, estás en transición, un espacio-tiempo que parece ir más lento que el resto porque es fundamentalmente de reflexión y adaptación.

¿Cómo hacer tuyo el espacio de quietud?

Después de estar en movimiento constante hay algo en la quietud que agobia. Has tenido muchos ratos de silencio pero tu cuerpo estaba en movimiento así que que no te extrañe que ahora que tu cuerpo está quieto tu mente no pueda parar. Tu ser busca su homeostasis, sólo tienes que entender cuál es para usarla en tu favor y no en tu contra. Déjale que se acomode.

Redecora tu casa, tu cuarto, tu espacio, vuelve a hacerlo tuyo, de tu “yo” de ahora. Despídete de lo que fuiste y ya no eres, agradeciendo que estuvo ahí pero aceptando que hay que dejarlo ir para ocupar el espacio con lo nuevo, tanto física como emocionalmente.

Acompaña los silencios de música o de esos sonidos cotidianos que son la cafetera, la tetera, la olla o el cuchillo sobre la tabla de cortar. Aprópiate de tu cuidado, de tu alimentación, de la banda sonora de tu vida. Haz. Crea con las manos. Con la cabeza. Reserva ratos para poner cuerpo o mente en movimiento. Aprovecha el motor natural de este espacio-tiempo para impulsar proyectos, inventar recetas, salir a la calle y descubrir de nuevo la ciudad.

Porque no se trata sólo de apropiarte del espacio en el que vives sino de todo en el que puedes vivir. Recupera esas quedadas que no sean solo de ponerse al día sino que construyan nuevos recuerdos en lugares donde quizás estuviste o quizás no. Recuerda por qué decidiste estar donde estás ahora y si ha cambiado vuélvetelo a preguntar.

Párate a escuchar toda la sabiduría interna que quiere dotar de contenido el silencio. Siéntate, escribe y escucha todo lo que quiere salir. Descúbrete en tus contradicciones, en tus deseos y en tus miedos. Escoge qué quieres afrontar, por qué quieres apostar y vuelca toda tu energía en ello. 

Y entonces, sólo entonces, volverás a habitar los espacios que habías perdido: el interno y externo.

 

“Y no me da la gana de pensar que nada es para siempre
Si esta canción se acaba que acabe el mundo para todos
Todos somos nada sin las palabras dime qué nos queda

(…)

Y hace tiempo que yo ya me fui, yo siempre me estoy yendo
Pero siempre estoy contigo
Aunque a veces pienses que no hay nada
Cuando me quedo mirando como si estuviera ausente
Es porque estoy viajando, no pienses que voy a perderme

(…)

Y lo intento cada día ser todo lo que había imaginado
Y me encuentro que la vida siempre tiene algo preparado
Que supera cualquiera de mis fantasías
Nada comparado con lo que realmente sucedía”

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