Diario de a bordo, Viajes

Mi vida no es extraordinaria

Os confieso que mi vida no es nada extraordinaria. Sé que esperáis que os cuente todas esas aventuras que le pasan a la gente que está viajando por un tiempo largo (o espero que no, sino os habré educado muy mal en la lectura de este blog) pero es que la realidad es que tengo una vida de lo más común.

Muchos de mis días consisten en levantarme, desayunar, dar una vuelta o ponerme a leer, comer, escribir, echarme una siesta, volver a escribir o leer o pasear, tomarme un café (si encuentro un lugar y no es muy caro), cenar o coger un bus de noche y dormir.

Vale. Me levanto a la hora que me da la gana la mayoría de la veces. Lo acepto. Sí. Es posible que la mayoría de los días intente ver el atardecer. Sobre todo si sé que puede ser muy bonito. De hecho hay días que es impresionante. Y no desprecio para nada tener a mi disposición todo el tiempo del mundo.

Pero así es mi vida de viajera lenta. Selecciono mis prioridades y las alargo durante todo el día: dormir y comer porque son necesarias, leer y escribir porque las necesito como el respirar, charlar con otra gente o hacer skypes porque soy un animal social. Nada extraordinario ¿no?

Lo fantástico, lo mágico, lo diferente es la disponibilidad de tiempo y espacio. Eso es lo que lo hace maravilloso. Puedo dedicarme a ello por completo si quiero y puedo hacerlo en lugares muy distintos con poco tiempo de diferencia. Eso es lo que más valoro. Si me quiero quedar, me quedo. Si me quiero ir, me voy. Puedo elegir hacer mis cotidianidades mirando al mar, a un río, a la selva o la montaña.

Luego hay momentos espectaculares.

Atardecer en Rurrenabaque, Bolivia

En el último mes he gritado “Gracias mundo” y “Gracias  vida” en tres montañas diferentes, dos puntos menos elevados y en mitad de una calle de ciudad. Todas ellas acompañada. Le agradezco enormemente a la amiga que lo hizo por primera vez la valentía, es de las cosas más liberadoras que he hecho en la vida. También de las que me dejan mayor sensación de felicidad.

He estado al nivel del mar y a 4000m de altura, en la montaña, en el desierto y en la selva. He flotado en agua salada. He dormido en catorce camas distintas de doce lugares diferentes. Una de ellas estaba dentro de un camión. En marcha.

Salar de Uyuni

He dado siete abrazos a personas que probablemente no reencontraré, seis a personas que llevaba meses o años sin ver, dos que, espero, repetiré.

Recuerdo nueve atardeceres, cuatro no los olvidaré. He visto dos cielos estrellados que siempre recordaré.

He cantado a pleno pulmón hasta quedarme sin respiración mientras caminaba. He montado en bici, moto, coche, barca, camión y bus. La moto era un taxi y yo llevaba dos mochilas y una bolsa de tela.

Me he terminado dos libros y habré dado veinte veces la vuelta a mis listas de reproducción. He tenido cuatro noches de música en directo, en una de ellas bailé rodeada de borrachxs de pueblo y he hecho dos dibujos en mi cuaderno. He recibido dos noticias de vuelos de amigxs que vienen a visitarme y eso me ha hecho feliz.

He pagado por tres tours, dos de ellos merecieron la pena desde el principio, el otro lo hizo al final. Me han llamado por mi nombre en tres hostales distintos y he sido desconocida en todos los demás.

He proyectado una vida “para cuando vuelva” y otra “para seguir”.

Lagunas escondida, San Pedro de Atacama

Bueno, visto así igual sí es un poco extraordinaria.

Además he estado cuatro días en medio de la selva, pero eso os lo cuento en el próximo capítulo.

 

Parque Madidi, Bolivia

 

Si quieres leer que pasó antes de todo esto puedes hacerlo pinchando aquí. 

3 Comments

  1. Soraya

    14 julio, 2017 at 21:28

    Cuantos quisieran tener tu vida “no extraordinaria” o cuantos quisieran ver tantas cosas bonitas en su día a día como tu lo haces. Ahí esta lo extraordinario de la vida.
    Ahora, tras un año haciendo un Máster, seria de las que quisieran sentir la vida no extraordinaria…y otra parte de mi hace ver todo aquello bonito que tengo en mi día a día.
    Y por así, decirlo, hay que disfrutar los viajes, no puedo ni pensar en estar pendiente de contar todos los detalles de un viaje en mi blog, es más, abandonadito esta (sobretodo después de tanto estudio y tan poco viaje). Por eso, disfruta, que es lo que tienes que hacer, el resto ya será…
    Y en ese proyecto de vida “para cuando vuelvas” si es que algún día decides volver, piensa en que ya habrá tiempo de escribir aventuras que hoy estas disfrutando.
    PD: Estoy deseando hacer mi vida no extraordinaria como tu y ver uno de esos cielos estrellados, la foto me ha encantado, no logró hacer una así por aquí jajaja.
    Un abrazo
    Y disfruta, disfruta..disfruta..

  2. Carla

    15 julio, 2017 at 12:20

    Me ha encantado leerte! El título me ha chocado y luego me ha gustado lo que cuentas! Enhorabuena! Qué experiencia! Un abrazo desde Valencia! Carla

  3. Natalia

    31 agosto, 2017 at 23:11

    Oyeeee, me generó una curiosidad enorme el conteo de los abrazos! jajajaja me pregunto en qué categoría estaremos quienes nos hemos topado contigo un ratito en esta aventura. Te mando demasiados abrazos

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