Reflexiones

¿Es más inseguro viajar o ser mujer?

Si me hubieran dado un euro por cada vez que me dijeron que tuviera cuidado en esta aventura ahora mismo sería bastante rica. Viajar a sudamérica en plan mochilera genera, automáticamente, un rechazo en gran parte de la población europea por un tema de seguridad. Es como si, al cruzar el charco las probabilidades de que te pase algo se multiplicaran por mil y no fueras a poder escapar de las probabilidades.

Pensaba que era una cosa del viejo continente, pero en cuanto pisé suelo argentino los porteños empezaron a avisarme. “Mira que ahí no vayas de noche”, “ahí te pueden robar”, “yo por ahí no me siento seguro”, “vuelve a casa en taxi porque esperar en la parada de bus de noche no está bueno”, “que no te oigan hablar porque con el acento van a saber que eres de fuera y te van a quitar todo” y una larga lista de frases del estilo.

En Buenos Aires la paranoia colectiva es tal que se contagia con una facilidad asombrosa. Yo he llegado a entrar en un sitio tranquila y segura, incluso con un ordenador y una cámara en la mochila, y salir acojonada porque las personas con las que me había reunido me soltaron una cantidad de recomendaciones y advertencias que yo no había pedido. Caminé por exactamente las mismas calles que una hora antes con ojos hasta en la nuca y maldiciendo haberme llevado los aparatos electrónicos. En ese momento me di cuenta de lo absurdo de la situación: eran los mismo lugares que antes.

Evidentemente la gente quiere que tengas cuidado y no te pase nada, pero si sales a la calle con cara de estar más perdida que Wally en el Vicente Calderón es mucho más probable que te vean un blanco fácil. Pienso que una persona segura de sí misma, que sabe a dónde va tiene menos posibilidades de ser atracada. Es por eso que me parece innecesario meter el miedo en el cuerpo a cada persona que va a viajar. Está bien no llevar uniforme de turista, conocer qué zonas hay que evitar o qué códigos se mueven en cada ciudad pero sin llegar a la paranoia colectiva.

Es cierto que en Buenos Aires se respira inseguridad cuando ves a todo el mundo ponerse las mochilas delante en el transporte público o cuando te das cuenta de que en cada esquina de Palermo hay un policía. Sin embargo es la misma ciudad en la que he esperado 30 minutos en paradas de bus a las 2 de la mañana o caminado a las 4 de la madrugada sin tener más precauciones de las que tendría en cualquier otra ciudad que conozco poco y no es la mía. Por eso me pregunto si realmente Buenos Aires y Argentina son tan inseguras como me las pintan o el hecho de que todos los noticieros comiencen con un listado de sucesos influye en la percepción de la gente. 

Empecé a mirar una multitud de estadísticas imposibles de comparar entre sí, así que decidí que me centraría en saber algo de la seguridad en mi país, ese en el que se supone que debería estar más tranquila que viajando.

En España una mujer es violada cada 8 horas, aunque la realidad es que de cada 6 violaciones se denuncia 1. Sin embargo, allí nadie me dice que tenga cuidado cuando salgo a la calle. 

Yo conozco al menos una decena de casos y muchos intentos. En Madrid. Sí, ese lugar donde nos dicen que venir a américa latina y viajar es peligroso. ¿Sabéis por qué? Porque hasta el 75% son de personas conocidas: la pareja en la primera relación sexual que insiste cuando ella no está preparada, cualquiera de las siguientes en las que no hay un sí explícito, el día que una chica iba borracha y el NO QUIERO no tuvo suficiente consistencia para el chico o el día que se llegó al punto en que ni eso podía decir y se aprovecharon de la situación. Todos esos casos también son violaciones y ya va siendo hora de que les pongamos el nombre y desculpabilicemos a las víctimas. Ni que decir tiene que la mayoría de estas violaciones (o intentos en el mejor de los casos) no están en las estadísticas.

¿Eso hace que los hombres sean peligrosos? Evidentemente no. ¿Nos dicen en nuestras casas que tengamos cuidado con nuestros amigos o nuestra pareja? No. ¿Nos enseñan que no significa no y que da igual lo borracha que vayas NADIE puede usar eso como excusa? No. ¿Se lo enseñan a los hombres? Menos todavía. ¿Dejamos de salir a la calle en España por eso? No.

 

A lo mejor, en lugar de que se nos llene la boca con el “ten cuidado” estaría bien que todos y todas empleáramos esa energía en trabajar cualquiera de los múltiples aspectos que hacen que todo esto siga sucediendo. Preguntémonos si damos las mismas advertencias a chicos y a chicas, si pensamos que están expuestxs a los mismos riesgos.

Vivimos en países machistas y seguimos educándonos en paradigmas de desigualdad, tanto los hombres como las mujeres. Para todx el que piense que no es así, de verdad que me los llevaría a cada uno de los talleres de prevención de violencia de género que he dado en institutos para que vieran lo que dicen las nuevas generaciones. Los niveles de tolerancia al control son impresionantes y muy preocupantes. Hay un rechazo frontal a la violencia física pero cuando se les plantea una situación de pareja en las que les pasase a ellxs y les preguntas ¿qué haríais? ni una sola persona dijo dejar la relación como respuesta. NI UNA de más de cien alumnxs.

Todxs tenemos comportamientos machistas en muchas ocasiones. Decir “soy feminista” o “quiero la igualdad” no es suficiente. Hay que trabajarse y deconstruirse para cambiar eso. Pregúntate de qué manera has participado tú alguna vez en todo esto. Busca un comportamiento, una frase. Piensa qué puedes hacer para transformarte y cambiar la sociedad.

Mientras lo único que hagamos sea decir “ten cuidado” seguiremos teniendo parte de responsabilidad.

No es fácil, lo sé, pero pongamos cada unx nuestro granito de arena.

Porque por desgracia, muchas veces, lo peligroso en este mundo no es viajar, lo peligroso es ser mujer. 

6 Comments

  1. Forastera

    8 marzo, 2017 at 16:42

    Mirá cuán peligroso será ser mujer que te matan dentro de las cuatro paredes de tu casa

    1. Pepa

      8 marzo, 2017 at 17:02

      Desde luego. Por desgracia la violencia de género está en todas partes.

  2. Sara

    8 marzo, 2017 at 17:20

    Bravo, Pepa! Interesante reflexión. Estoy totalmente de acuerdo contigo en que la solución pasa por la educación. El año pasado estuve de prácticas en un instituto y la mayoría de profesores comentaban que les sorprendían (para mal) el rumbo que tomaban las relaciones en muchos alumnos de secundaria. En general, comentaban el control por parte de ellos (no todos, claro) a través del whatsapp y la aceptación por parte de ellas. Eduquemos más y se acabarán muchos de estos problemas!

    1. Pepa

      8 marzo, 2017 at 17:27

      Desde luego el primer paso está en la educación pues es el futuro pero hay otra parte que pasa por nosotrxs, las personas adultas, que seguimos reproduciendo muchas veces los roles que nos asignaron. ¿Cuántas madres y padres les dicen a sus hijas “ten cuidado” “escríbeme cuando llegues” y no lo hacen con sus hijos? ¿Cómo van a decir esas chicas a sus parejas que no se lo pidan si es lo que han vivido siempre? Tenemos que hacer un gran trabajo nosotrxs también en nuestras propias relaciones que son sus modelos.

  3. Andrea

    20 octubre, 2017 at 23:25

    Buenisimo post!
    Se parece mucho al que escribi justo esta semana en mi blog, Y tratamos temas bien parecidos sobre el machismo y que el verdadero cambio debe provenir de la sociedad, porque en nosotras -como mujeres- no radica el real problema.
    Si quieres te das una vuelta y lo lees.
    Un abrazote mujer viajeraza!

    1. Pepa

      24 octubre, 2017 at 18:19

      ¡No dudes que voy ahora mismo a echarle un ojo! 🙂

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