Diario de a bordo

Quiero contaros

Quiero contaros tantas cosas que no sabría por donde empezar así que no tendrá orden ni cronología, simplemente os contaré. Quiero contaros del final al principio o del principio al final o del medio para delante o de cualquier instante para atrás.

Quiero contaros de Buenos Aires, de como me cautivó esa ciudad, de como querría vivirla en primavera, escribirla, ir a ver sus teatros, disfrutar del sol y las batucadas en San Telmo los domingos, de como me encantaría aprender tango aunque mi primera vez bailándolo fuera en Valparaiso. Quiero contaros como me estuvieron alojando tres semanas y el enorme agradecimiento que sentí por ello. Quiero contaros que me fui antes de que la ciudad me atrapara porque sentía que no era el momento de quedarse allí. Quiero contaros todos los recuerdos que me trajo esa ciudad y como me inspiró a escribir el texto de “Las ciudades espejo” que me permitió ganar el concurso de la revista Otro Mapa. Gracias a ello estoy haciendo el curso de escritura de viajes “Norte de papel” de Maitena Caimán con el que estoy encantada y me han ofrecido poder formar parte del staff de colaboradores de la revista, poder proponer textos y escribir de vez en cuando. No es algo que me vaya a pagar el viaje, ni siquiera me permitirá ahorrar ni pagarme un café pero aprenderé muchísimo y, sobretodo, me ha hecho mucha ilusión.

Quiero contaros todos los dilemas que he tenido con el blog, que no quiero hacer listas o reportajes de actividades a cambio de no pagar el precio, no quiero ser ese blog de referencia que hace que al final todos vayamos a los mismos sitios. Tampoco quiero ser la que escribe siempre sobre crecimiento personal o viajes alternativos como si viajar fuera teoría psicológica o social. Quiero contaros que, aunque por aquí no publique mucho, escribir forma parte de mi vida, que ya voy por mi segundo cuaderno de viaje y que muchas veces no lo comparto por vergüenza o pensar que no hay nada “útil” para otras personas en él.

Quiero contaros de las cataratas de Iguazú y de la felicidad que sentí en ese momento, que soy muy afortunada por haber podido estar allí, por encontrar a alguien con un carnet especial que hizo que yo entrara gratis. Quiero contaros de todas las sincronías de Puerto Iguazú, de como llovía cada vez que yo estaba bajo techo, de como se despejaba cada vez que estaba al aire libre, de como el clima respetó cada minuto de mi tiempo, del calor que hacía. Quiero contaros que era uno de mis sueños y lo cumplí. Quiero contaros que estuvimos cinco horas esperando en el autobús de vuelta a que uno de los pasajeros, que llevaba un kilo de marihuana, saliera de la comisaría porque volvía a montarse y seguir la ruta con nosotros. Quiero contaros que en ese tiempo una alemana, un paraguayo y yo nos hicimos amigos temporales y vimos a las arañas empezar a montar sus telas para cazar por la noche. Quiero contaros que la tierra de Misiones era roja y el pasto verde, que el autobús estuvo todo el tiempo prendido, que empezó a soltar aceite, que no pasó nada más.

Quiero contaros que ahora digo prendido en vez de encendido, muchas veces digo tomar los micros o agarrar las cosas. Que ya no bebo, ahora tomo y que ya no sé si preguntar por la resaca, la caña o el hachazo. A veces digo cachai o si po porque estoy en Chile, pero cuando recuerdo Argentina pienso que re-hablaba como porteña hasta el punto de cambiar de país y que me preguntaran si era de allá en vez de española.

Quiero contaros que estuve en Córdoba y en la sierra. Que allí también me alojaron y me sentí como en casa, que tuve uno de los skypes más intensos del viaje, que me sentí arropada en todo momento. Quiero contaros que en Mendoza tuve una familia de acogida con la que reír y tomar asados.

Dique Potrerillos, Mendoza

Quiero contaros que el viaje tiene etapas, tiene ratos, que hubo días que en mi cuaderno escribí que quería volver y hubo días que escribí que me quería quedar aquí. He sentido la felicidad más absoluta y la soledad más infinita, he experimentado todo lo que hay entre medias y ahora mi abanico de emociones es cada vez más amplio. También mi conocimiento de ellas, de mí misma, de mis necesidades. Quiero contaros que a veces necesito estar sola y otras con gente, que echo mil cosas de menos, a veces tan profundas como abrazos sinceros de los que sólo alguien que te conoce de hace mucho te puede dar, otras tan absurdas como poder tirar el papel directamente al water. He aprendido a sentirme acompañada con una mirada a través de la pantalla, una voz a través de una llamada de whatsap entrecortada o una persona desconocida.

Quiero contaros que hay días que no me aguanto, no me soporto, me quejo, estoy de mal humor, estoy negativa. Quiero contaros que hay otros muchos días que me río de eso y de todo, que la alegría me acompaña, soy optimista, positiva y resolutiva.

Quiero contaros que estuve en Santiago de Chile, que empecé a aprender el idioma chileno y que confieso que no entendía nada de todos los modismos, que el cuerpo me pidió ver el mar y que llegué a Valparaiso. Que me enamoré de la ciudad y decidí quedarme un mes. Que finalmente me quedé mes y medio. Quiero contaros que esa ciudad fue la mayor de las montañas rusas. Trabajé una semana en un café, compaginé con voluntariado en un hostal, me pasaron mil cosas, me quejé, me enfadé, me relajé, salí, bebí, bailé, me reí, disfruté. Conviví con mis compañerxs voluntarixs, les amé y me enervaron a partes iguales, supongo que como yo a ellos, es lo que tiene sentirse una familia. Fui la versión de mi misma más responsable y la que intentó aprender a dejar de cargarse de lo que no le correspondía, fui mi versión más insoportable y la más comprensiva, la que más echó de menos y la que más quiso seguir. Quiero contaros que ya no digo voy al hostal ahora digo voy a casa, también que reflexioné mil y una vez sobre ser voluntaria, sobre si ese sistema de viajeros que no necesitamos dinero y nos vale el trueque interfiere en el país, si baja sueldos, si realmente quitamos empleos, si los estudiantes de turismo que quieran trabajar en un hostal podrán hacerlo. Quiero contaros que un día me dijeron que tenía que pensar menos y respondí que tenían toda la razón, que estoy viendo como hacerlo y que si alguien tiene la receta se la compro.

Quiero contaros que viví cientos de temblores, un par de terremotos y una alerta de tsunami, que sentí muchos de ellos, que tuve paranoia porque viniera uno grande y todo el mundo estuviera hablando del tema, que igualmente decidí quedarme y no irme por puras especulaciones. Quiero contaros que me desperté un día de madrugada y había un señor borracho intentando robar en mi habitación, que tuve que hacer de interprete en comisaria cuando otro día lo consiguieron en otro cuarto y que nos llevaron de vuelta con las sirenas encendidas como si estuviéramos en una persecución policial. Quiero contaros que todo esto me ha enseñado como reacciono en situaciones difíciles: con una calma que nunca imaginé que tendría hasta que finaliza la situación y un revuelto de emociones después. Quiero contaros que ahora confío en mi capacidad de afrontar cualquier acontecimiento.

Quiero contaros que Valparaiso me trajo muchas cosas más, que leí un texto mío en voz alta en un encuentro poético en la calle, que estuve en una jam session que improvisamos en una terraza de un cerro, que cantamos bajo la lluvia y que mis manos hicieron percusión. Quiero contaros que bailé tango en la calle, salsa entre el mobiliario de un hostal, electrónica en una discoteca con terraza mirando a los cerros y el mar, cumbia y reggeaton entre un montón de gente. Canté hallelujah con todxs lxs voluntarios a través de la casa cada vez que uno de ellos la practicaba con la guitarra, pinté un mandala en un encuentro de dibujo, aprendí la palabra carretear como sinónimo de salir de fiesta, subí y bajé mil veces cuestas y escaleras, convertí el cerro concepción en mi barrio, conocí a Antonio Parra, señor de 97 años que me contó más de la historia de Valparaiso de lo que cualquier otro guía me pudiera contar.

Quiero contaros que me lancé a la aventura de irme a Isla de Pascua, descubrir Rapa Nui y sus moais, que me junté con dos mochilerxs más por primera vez en este viaje, que nos alojaron como si nos conocieran de toda la vida, que hice trekking, acampé, comí asados, vi con mis propios ojos todos los moais que están derribados en el suelo y todos los que están de pie vigilando, que sentí el agradecimiento más infinito a la familia Tuki y sus amigxs.

Quiero contaros que a veces siento que esto simplemente es mi vida y que no hay nada interesante que relatar, que no tengo ninguna gran aventura y que mi día a día no es más importante que el vuestro. Otras veces soy consciente de que estoy cumpliendo un sueño, de que estuve muchos años queriendo hacer este viaje y de que ahora estoy aquí, que soy muy afortunada pero que también he hecho muchas cosas para conseguirlo. En el camino ha habido muchos miedos, muchas alegrías, muchas tristezas y algunos enfados, mucha hospitalidad, mucha gratitud, mucho echar de menos, mucho agradecimiento, mucho aprendizaje, mucho divertimento.

Quiero contaros que siento que tengo un cambio de etapa en el viaje, no sé por qué, ni qué es pero percibo eso. Quiero contaros que no quería pensar mucho, ni revisar este post en exceso, simplemente sentí la necesidad de compartir lo vivido tal y como me saldría en mi cuaderno.

Quiero contaros que todo esto merece la pena.

Pero sobre todo quería agradeceros que sigáis al otro lado, leyendo, apoyando, respetando esta decisión loca de vagar por este continente, de escribir mucho a veces y de no dar señales de vida en algún tiempo.

16 Comments

  1. José Luis

    20 mayo, 2017 at 22:16

    Me encante como expresas tus vivencias Pepa. Estoy enganchado a tus post y con una envidia sana por cumplir tu sueño. ¡Chapeau!
    Un saludo

    1. Pepa

      20 mayo, 2017 at 22:34

      Muchas gracias José Luis! Te gustaría empezar a viajar tú también? Tienes alguna fecha o idea de cuándo o cómo? Cualquier cosa que necesites no dudes en preguntarme! Un abrazo

  2. Fiorella

    20 mayo, 2017 at 22:48

    Muy lindo post Pepa, me encantó. Saludos desde Uruguay!

    1. Pepa

      20 mayo, 2017 at 22:58

      Muchas gracias Fiorella ?

  3. Gracia

    20 mayo, 2017 at 22:53

    Muchas gracias por compartir todo ese revoltijo de sensaciones que se tienen cuando uno está cumpliendo un sueño. Da gusto leerte. Sigue exprimiendo el limón como sabes hacerlo y llenando esos maravillosos cuadernos de viaje 😉

    1. Pepa

      20 mayo, 2017 at 23:00

      Gracias a ti por estar al otro lado desde el principio! Cuando andemos por lugares cercanos vamos a tener que desvirtualizarnos! ¿cómo van las primeras aventuras en familia?

  4. Ori

    21 mayo, 2017 at 04:18

    Quiero contarte que morí leyéndote. Fin
    ❤️❤️❤️❤️❤️

    1. Pepa

      21 mayo, 2017 at 11:59

      Quiero contarte que amo tenerte al otro lado. Fin

  5. Dani Keral

    21 mayo, 2017 at 17:42

    Cuéntalo todo. Todo cuenta.

    1. Pepa

      21 mayo, 2017 at 18:45

      Hasta el más mínimo detalle oculto entre los recuerdos

  6. Ana

    22 mayo, 2017 at 09:55

    Jolines, Pepa. Es precioso. Me has emocionado.

    1. Pepa

      22 mayo, 2017 at 17:30

      Gracias!!!! 🙂 🙂

  7. Lola

    24 mayo, 2017 at 00:00

    Pepa guapa! Me ha encantado leerte…que sepas que te pienso muchas veces??

  8. Andres Melero

    7 julio, 2017 at 04:44

    Y nosotros queremos que tu quieras seguir contando tan hermosas anécdotas…
    Unas abejitas que te siguen.

    1. Pepa

      11 julio, 2017 at 14:11

      🙂 🙂 Que ilusión teneros por aquí!

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