Vivir viajando

¿Qué se siente al empezar un viaje sin billete de vuelta?

Muchas veces me hice esa pregunta antes de comenzar mi viaje indefinido por Sudamérica. Buscaba en los blogs de viajes pero lo máximo que encontraba eran sus emociones a mitad de viaje. Sabía que había momentos buenos y malos pero nadie hablaba de las primeras semanas.

Internet está plagado de vidas perfectas de viaje y fotos de ordenadores con mojitos en la playa pero irse de viaje largo no siempre es así. He preparado este post con diferentes testimonios de las primeras emociones de viajerxs y bloguerxs para mostrar que no todo el mundo empieza igual los viajes. Y así es todo en la vida, cada cual tiene su propia experiencia de las cosas.

Después de mis primeras semanas de viaje creía justo y necesario contar la realidad de lo que pasa.

Viajar en solitario 

Mi experiencia

Fecha de inicio: enero de 2017

Tiempo de viaje: indefinido

Destino inicial: Uruguay

Nivel de planificación del primer mes de viaje: nulo

Llegué a Montevideo como en una nube, sin acabar de aterrizar con la mente aunque hubiera aterrizado con el cuerpo. Los primeros días me sentía completamente desubicada. Le echaba la culpa a la ciudad, al clima, al hostal… Me sentía como en unas vacaciones cualquiera con la salvedad de que yo no había venido a unas vacaciones cualquiera. Me costaba socializar con las personas del hostal que venían de veraneo a las playas uruguayas y tenían un plan de vida muy diferente del mío.

Quedarme unos días parada mejoró un poco la situación pero en cuanto me cambié de lugar esa sensación de estar perdida y de pensar ¿qué hago aquí? volvió. De nuevo echar el ancla cinco días me calmó pero el siguiente destino me dio la vuelta por completo. Me puse enferma, me sentí sola, perdida y casi queriendo coger un avión de vuelta. Nadie me había dicho que empezar el viaje con una crisis puede pasar y eso me desconcertaba más todavía. ¿Es que todo el viaje iba a ser así? Por supuesto que no, pero en ese momento no lo sabía. Tampoco podía preguntarle a nadie de mi alrededor porque el perfil de viajero en temporada alta era estudiante de 20 años que está en el hostal para salir de fiesta durante 15 días y estaba en un lugar sin internet.

Me pasé los primeros quince días en una montaña rusa, viviendo instantes de felicidad suprema por estar de viaje junto con otros muchos de soledad infinita y de preguntarme mucho qué hacía ahí y por qué me había ido de viaje. Encontré muchas preguntas en mi cabeza y pocas respuestas pero poco a poco la tormenta se fue calmando y la crisis pasó. Ahora sé que era necesario pasar por ella, también que se agrandó al ser completamente inesperada y disminuyó al hablar con personas que habían pasado por lo mismo. Desapareció al dejar de estar en hostales en plena temporada alta y empezar a alojarme en casas de Couchsurfing, transformando también el viaje en algo más parecido a lo que a mí me apetecía.

Ahora cada vez que me pregunto ¿Qué hago aquí? Me respondo: “lo que me de la gana” 😀

Viajar en pareja

Sara – Gastando Suela

Fecha de inicio: enero de 2017 (actualmente de viaje por sudeste asiático)

Tiempo de viaje: 3 meses

Destino inicial: Tailandia

Nivel de planificación del primer mes de viaje: sólo la primera semana

Cuando escribo estas líneas se cumplen 19 días desde que llegamos a Tailandia. La única palabra que me viene a la mente, la única emoción que se me viene al corazón, es la de FELICIDAD. Durante estos días en Tailandia esa ha sido la emoción más importante que he sentido. Soy feliz por estar cumpliendo un sueño. Soy feliz por haberlo dejado todo durante al menos tres meses y viajar. Soy feliz por poder viajar sin prisa, decidiendo alargar o acortar la estancia donde quiera. Soy feliz porque el final del viaje todavía está lejos. Y también soy feliz por no estar haciendo esto sola. Supongo que con el viaje, esta felicidad dará paso a otras emociones, pero mientras tanto: Felicidad, que bonito nombre tienes…

Viajar con amigxs

Ori –  Vuelta a la Tortilla

Fecha de inicio: 2 de mayo de 2016 (actualmente de viaje en Canadá)

Tiempo de viaje: indefinido

Destino inicial: EEUU

Nivel de planificación del primer mes de viaje: los primeros días

Después de dos años soñando con ese día y 17 horas de vuelo aterricé en Los Ángeles sin saber absolutamente nada de esa ciudad. Después de tanto tiempo esperando este momento y tras pasar las últimas semanas antes de coger ese vuelo en un auténtico caos, llegué al otro lado del arco iris. Esto era por lo que había estado esperando tanto tiempo.
¿Que cómo me sentía? Como en cualquier otro viaje, solo que un poco incómoda con mi cuerpo. Tenía esa sensación de: Esto es lo mismo, pero diferente. Esa sensación me acompañó por las costas de California. La cabeza todavía estaba a mitad de camino en alguna parte del trayecto Madrid- LA y aunque todo era nuevo y emocionante no podía evitar sentirme abrumada. Como en una resaca que duró varios días. Para mí fue inevitable sentir una sensación de vértigo en la tripa, dejar la rutina y las excusas diarias que nos ponemos para no pensar dio paso a horas y horas en las que tenía todo el tiempo para mí. Al principio no sabía que hacer con todas esas horas ni con todas esas voces que empezaron a salir de mi cabeza.

La mejor parte de esas semanas fue mi reencuentro con los libros, leí como nunca. Ahora si tenía el tiempo para sentarme a leer por horas. Fueron semanas de un road trip con amigos, así que ese no fue el inicio real para mí del viaje.

El viaje empezó, curiosamente la primera vez que paré para trabajar en una granja a recoger cerezas. La gente que conocí, los proyectos que comenzaron a formarse, la posibilidad de trabajar con mis manos. Ese fue el primer momento en me sentí realmente de viaje sin billete de vuelta.

Ori y Miguel de Vuelta a la Tortilla

Miguel –  Vuelta a la Tortilla

Fecha de inicio: 2 de mayo de 2016 (actualmente de viaje en Canadá)

Tiempo de viaje: indefinido

Destino inicial: EEUU

Nivel de planificación del primer mes de viaje: los primeros días

Mi primeras sensaciones se pueden resumir en algo que todos hemos vivido en algún momento de nuestras vidas. Es como un primer día en un nuevo trabajo o cuando cambias de colegio, te sientes desplazado y fuera de lugar. Todo el mundo conoce las reglas e idiosincrasia del lugar excepto tú y eso te genera una sensación de desconexión con todos y todo lo que te rodea. Así pasé mis primeros días de viaje, tratando de acoplarme a mi nueva vida y conociendo poco a poco las nuevas reglas que imponía mi nuevo estilo de vida. Todo fueron nervios y traté de refugiarme en cosas que consideraba seguras y fiables, vivía más en el pasado que en mi propio presente. Estaba perdiéndome el comienzo de algo que cambiaría mi vida y no pensaba más que en: qué hago aquí. Después de un tiempo mi mente se reacondicionó, encontré mi propio espacio y tuve que volver a aprender a vivir con las nuevas condiciones que se imponían en nuestra nueva forma de viajar.

Marina –  Maitena Caimán

Fecha de inicio: 17 de julio de 2014- 17 de septiembre de 2016

Tiempo de viaje: 1 año y 2 meses

Destino inicial: Colombia

Nivel de planificación del primer mes de viaje: nula

Marina de Maitena Caimán

“No me hace falta volver a los diarios para saber cómo me sentía durante las primeras semanas de mi viaje por Sudamérica, creo que solo basta decir que aterricé en una Bogotá fría y lluviosa con sandalias, es decir: lo que yo me había imaginado que iba a ser aquel país, y por tanto, viajar en él, no tenía nada que ver con la realidad. Las primeras semanas fueron rapidísimo, todavía teníamos las ansias de verlo todo, de saberlo todo, de ir a todas partes, de probar todas las frutas. Eso, y una preocupación constante por hacer voluntariado y no pagar hostales, por inventarnos trabajos nómadas por el camino, por “sobrevivir” sin dinero, que es a lo que creía que íbamos, en lugar de prestar atención a lo que decían nuestros cuerpos. Recuerdo que no solté la cámara un segundo y también que terminábamos agotadas por las noches. Nos sentíamos valientes por hacer dedo en Colombia y satisfechas de poder mantenernos sobre la ruta, pero también muchas veces teníamos miedo del futuro y de la incertidumbre de no saber nada de él. No encontré, en los tres meses que pasamos allí, apenas un minuto para escribir, y eso dolía.

De a poco nos fuimos dando cuenta de que el viaje para conocer y el viaje como modo de vida eran dos cosas distintas. Que cuando te vas dos o tres meses pocas veces se tiene la oportunidad de pasar la frontera de uno a otro porque el tiempo corre. Yo empecé a sentir que estaba en sintonía entre viaje y vida cuando dejé de fotografiarlo todo, cuando me quedé dos semanas en el mismo pueblito solo porque sí, cuando volví a los cuadernos, a leer a solas, cuando decía que no a un plan con otra gente y prefería ir al mercado y cocinar algo que me supiera a casa. Entonces empecé a verlo todo distinto, no como si debiera apropiarme del mundo que veía por el hecho de no tener una casa (también los nombres y los paisajes son objeto de colección), sino como si debiera involucrarme en ellos al menos un poquito. Tardé tres o cuatro, o quizá seis meses en aceptar que ese vértigo que a veces me sobreviene cuando viajo hay que conservarlo y no luchar contra él constantemente. Solo se calla diciéndole: sh, así todo está bien.”

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Comenzar algo nuevo siempre deja emociones diferentes en cada unx de nosotrxs. ¿Cómo es para ti empezar algo nuevo? Cuéntame como fueron tus primeras semanas en un viaje largo, irte a vivir en una nueva ciudad o un nuevo trabajo y creemos mapas emocionales 🙂

En breves publicaré un post sobre recursos para afrontar las crisis del viaje (o de la vida). Para no perdértelo suscríbete o sígueme Facebook, Instagram y Twitter.

¡Gracias a Gastando Suela, Maitena Caimán y Vuelta a la Tortilla por participar en este post! No dudéis en visitar sus blogs 🙂

2 Comments

  1. izamar

    3 abril, 2017 at 16:58

    Hola Pepa. Me llamo Izamar, vivo en Vzla y tambièn estudie psicología. Me gusta tu blog, en especial que hables de esas experiencias que surgen del contraste entre la expectativa de viaje y la realidad. Yo también estoy a punto de emprender un viaje largo por SUDAMÉRICA y la verdad que tengo muchos temores de hacerlo, en especial abandonar las formas en las que he venido ejerciendo la profesión (consultorio) y que ahora representa también mi fuente de ingresos. Me gustaría saber si antes de emprender tu viaje ejerciste y ahora que vives viajando como haces para integrar esa profesiòn que tienes y todo lo que haces y has aprendido ahora. Saludos!!!

    1. Pepa

      7 abril, 2017 at 02:20

      Hola Izamar. Antes de emprender el viaje ejercía en consultorio también. Llevaba varios años y lo dejé al venirme. Existe la posibilidad de seguir por Skype (algunos pacientes me lo plantearon) pero en mi caso no quería condicionar el viaje a tener buena conexión y espacio privado cada cada semana. Si viajas por un tiempo limitado siempre puedes decirle a tus pacientes que es por X meses. Algunos cambiarán de terapeuta y otros esperarán. Varios me lo plantearon también pero como yo no sé cuándo vuelvo creí que lo más ético era derivar. Ahora mismo no ejerzo la profesión y este tiempo me lo tomo como experiencia que enriquecerá mi desarrollo personal (lo que repercutirá en lo profesional en el futuro). Tengo la idea de, en algún momento, hacer algún voluntariado por el camino relacionado con la psicología pero no me lo tomo como obligación. ¿Tú quieres seguir trabajando mientras? Un abrazo!

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