Brújula viajera, Vivir viajando

Qué es mindfulness y cómo aplicarlo al viaje

¿Qué es mindfulness?

Mindfulness suele traducirse como Atención plena o Conciencia plena. Proviene de la meditación budista pero la práctica de mindfulness se enseña y puede realizarse desprovista de toda idea religiosa.

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A pesar de que se pueda asociar a yoga mindfulness NO es yoga. 

Mindfulness es ser consciente, prestar atención momento a momento a lo que nos rodea, a  nuestras emociones, a nuestros pensamientos, a nuestras sensaciones corporales, y no juzgarlas.

Fue introducida por Jon Kabat-Zinn, quién fundó la Clínica de Reducción de Estrés en el Centro médico de la Universidad de Massachussetts. Él define mindfulness como “prestar atención de manera intencional al momento presente, sin juzgar“.

La práctica de mindfulness se basa en 7 actitudes básicas:

No juzgar

“Si hemos de hallar una forma más eficaz de gestionar el estrés en nuestras vidas, lo primero que necesitaremos es tomar conciencia de esos juicios automáticos para ver a través de nuestros prejuicios y liberarnos de su tiranía. “

La práctica de la conciencia plena consiste en observar sin juzgar. Simplemente ver que pasa.

Paciencia

“Un niño puede intentar ayudar a una mariposa, rompiendo la crisálida, aunque por regla general, la mariposa no resulte en absoluto beneficiada. Cualquier adulto sabe que la mariposa sólo puede salir al exterior cuando le llega el momento y que no puede acelerarse el proceso.”

Mente de principiante

Observa como si fuera la primera vez que lo hicieras. Despójate de todo prejuicio que provenga de la experiencia.

Confianza

Confía en ti mismo, en ti misma. No sigas a alguien porque sea un “maestro”, un “experto” en algo. Ve adaptándote a lo que tus sentimientos te vayan guiando.

No esforzarse

No pretendas llegar a ninguna parte. En mindfulness no hay ninguna finalidad más allá de estar, de ser, de observar. No te esfuerces en que algo no duela, en que una sensación no esté, en que un pensamiento se vaya. Déjalo estar.

Aceptación

Permite que las cosas sean tal y como son. No intentes cambiar lo que sucede en ese momento. Focalizando en el presente, acéptate tal y como eres en este momento.

Ceder

Déjate llevar igual que por la noche al acostarte. No intentes controlar la experiencia, no te aferres a tus creencias, a tus sensaciones.
El mindfulness tiene numerosos beneficios demostrados como pueden ser la disminución del estrés, del insomnio, la ansiedad… También aumenta la sensación de calma y tranquilidad. Es la base de la higiene mental.

Mindfulness

“Mens sana in corpore sano” que decía Juvenal.

Todos conocemos los hábitos de higiene física (el corpore sano): cepillarnos los dientes, cuidar la alimentación, realizar ejercicio… Sin embargo la higiene mental es menos conocida pero igual de importante. Se considera higiene mental el conjunto de actividades que promueven la salud mental, la Mens sana. Personalmente me gusta considerar el mindfulness como el equivalente del ejercicio físico. Sería el ejercicio mental. El entrenamiento de la atención para que no vaya del pasado al futuro y del futuro al pasado, de lo malo que hiciste en algún momento o las cosas que tienes que hacer mañana.

Y, al igual que en el ejercicio físcio, los beneficios de los que he hablado aparecen cuando uno practica a diario.

¿Crees que esto no va contigo? Mira a ver si tu atención está bien entrenada.

No parece ¿no?

¿Cómo aplicarlo al viaje? 

Cuando estés en un país nuevo pon la mente de principiante. No juzgues. Recorre los lugares sin compararlos con tu lugar de procedencia, observa sus costumbres sin ponerlas en relación a las tuyas. Deja que te empape la cultura como si fuera la primera vez que te sumergieras en una.

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Vete un día a pasear sin ningún destino. Déjate llevar a donde quieran tus pasos, confía en tu instinto. Tómate un rato para, simplemente, caminar observando a tu alrededor. Observa cómo te sientes durante el camino, el peso de tu cuerpo sobre tus pies, las emociones que aparecen ante la mirada del otro. Acepta cada una de las sensaciones que vengan, acepta que ese lugar no es igual que el tuyo, acepta que las costumbres pueden ser muy distintas.

Porque el viaje también puede ser terapéutico. 

¿Has hecho esto alguna vez? ¿Cómo fue tu experiencia? Cuéntanosla en los comentarios 🙂

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