Diario de a bordo, Reflexiones, Vivir viajando

Cumplir tu sueño viajero tiene consecuencias

Lo has leído mil veces: irte de viaje largo te cambiará la vida. 

“No será para tanto” – piensas.

Lees mil blogs, ves que es posible, te sacudes los miedos y los metes en una mochila. Dejas tu trabajo, tu casa, tus amigxs y tu familia y te embarcas a la aventura. Coges un vuelo y llegas a tu destino: es oficial, estás cumpliendo tu sueño. Lo que parecía que no iba a llegar nunca ha llegado y empiezas esa nueva vida que te llevará de nómada por rincones del planeta.

Duermes en hostales, en casas de gente, en buses, en trenes, en el suelo de tiendas de campaña y en un camión. Recorres miles de kilómetros y hasta te animas con el autostop. Conoces cientos de personas, paisajes, vives unas cuantas aventuras, alguna que otra borrachera, puede que ligues, que te enamores, que encuentres una pareja o que no. Disfrutas y te emocionas y sufres y lloras y ríes y piensas que no vas a querer volver nunca y piensas que no podrías vivir siempre así. La vida se convierte en una montaña rusa en la que la intensidad de las emociones aumenta, sientes que todo es posible, tu creatividad se multiplica, te surgen ideas, proyectos, rebosas ganas de hacer cosas, aprendes constantemente. También empiezas a echar de menos caras conocidas, que tu vida no se limite a una mochila y la realidad es que el cambio continuo nunca fue amigo de construir rutinas y dedicación.

Y llega un día en que decides volver. No tienes que hacerlo pero lo eliges y eso te llena de energía, vuelves con las pilas cargadas dispuesta a llevar a cabo todos los proyectos que tenías pensados. Ves a todo el mundo, abrazas mucho para compensar, te pasas un tiempo de cerveza en cerveza, de conversación en conversación de puesta al día. Retomas tu vida y todo parece estar dónde lo dejaste y tú estás bien y piensas que te libraste, que viajar te cambia la vida pero que al final no te la cambia tanto. 

Pero el momento llega. Ese del cumpliste un sueño ¿y ahora qué? ¿vuelves a la vida tal y como era antes? Llega ese momento en el que te das cuenta de que echas de menos esa vida pero que ya sabes que cuando estés en ella echarás de menos esta. Llega el momento en el que las rutinas han matado la creatividad, la energía, las ganas. Las pilas se han gastado en tantos reencuentros y todas esas ideas que tenías parecen vagar por la imaginación sin bajar nunca a tierra. Te das cuenta de que a tu alrededor ya nadie piensa que todo sea posible y no sabes cómo lidiar con ello.

Cumpliste tu sueño y todo el mundo te llamó valiente. Pero nadie te dijo que también hay que ser valiente para volver. Tú que has vivido la libertad de hacer lo qué quieras, cuándo quieras, dónde quieras…

¿Cómo te enfrentas ahora a saber en que día vives, a que sean todos iguales, a que no haya aventuras, ni libertad de movimiento, ni todo el tiempo del mundo?

¿Cómo te enfrentas a que sigues queriendo que todo sea posible pero eso parece mucho más difícil en tu hogar?

¿Cómo te enfrentas a dejar de ver atardeceres, a que te miren raro por querer pararte a observar la luna salir detrás del mar?

¿Tendrás que aceptar que eso se acabó o querrás mantenerlo sabiendo que para ello hay que luchar?

Escogerás una opción

pero elijas la que elijas,

ya nada,

nunca,

volverá a ser igual. 

Porque has cogido un camino de ida que no tiene vuelta:

es el precio que tiene probar la libertad. 

***

Si alguien tiene respuestas a las preguntas, ¡se agradecen las respuestas en los comentarios! Algo que recordar ha expresado muy bien todos estos sentimientos en su vídeo El síndrome del eterno viajero II (La vuelta), os animo a verlo.  

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