Vivir viajando

Viajar creciendo o crecer viajando

Siempre defendí que viajar era un camino de autoconocimiento igual de válido que los otros miles que hay. Hoy, cinco meses después de partir, estoy más segura de ello que nunca. (También lo estaba ayer, antes de ayer y hace un mes, pero HOY suena tan contundente que no podía dejar de usarlo).

Cada unx de nosotrxs está formado por ¿decenas? ¿cientos? ¿miles? de yoes. En este blog ha aparecido mucho mi yo narrativa, la reflexiva y la práctica. Hoy (ahora sí) estoy en mi yo guasona, divertida, bromista. No podría definirme como eso todos y cada uno de los momentos de mi vida pero me alegra mucho saber que esta parte de mí existe. No acabo de descubrirla, ni mucho menos, pero está muy presente y también quiero mostrarla.

En el viaje no vas a descubrir el universo, ni vas a poner el pie en la luna (o sí, quién sabe) pero lo que sí te va a pasar es que vas a encontrarte con todas las partes de ti mismx que eres. La aventurera, la miedica, la quejica, la bromista, la resolutiva, la dependiente, la independiente, la solitaria, la sociable, la juguetona, la niña, la adulta, la adolescente, la trabajadora, la flexible, la rígida, la cariñosa, la rancia, la amable, la atenta, la huraña, la escritora, la narradora, la poeta, la melómana, la artista, la cuentista, la que se metería en el sofá a ver una peli con una manta frente a una chimenea, la que no quiere saber nada de tener un sitio fijo donde estar, la que aburriría a la gente con una lista de posibles “ella”, la que abriría la posibilidad de que lxs demás fueran algo de todo eso…

Vale, corrijo, decenas se quedaba muy corto. Claramente somos por lo menos unos cientos de yoes.

El viaje te abre la mente a miles de personas, de culturas, de formas de ver la vida. ¿Por qué no dejarle que te abra el abanico a miles de formas de ser tu mismx?

No voy a aburrir con teoría psicológica pero básicamente hay varios pasos que dar en este camino. El primero es conocer a tus diferentes yoes. El segundo es decirles hola qué tal, encantada de conocerte. Nada de escupirles a la cara aunque no te gusten. ¿O es que acaso te escupes cuando te miras al espejo y no te gustas? Pues eso. El tercero es aceptarlos, eres tú, por mucho que intentes luchar contra ti mismx. La cuarta es poder mostrarle a los demás esas partes tuyas. Eres todas y cada una de ellas, deja de ocultarte siempre. ¿Que te enfadas? Pues sí. ¿Que a veces sólo piensas en ti? Pues también. ¿Que te estresas? Hombre, en que mundo te crees que vives. ¿Que necesitas a los demás? Igual es que pretendías ser la única persona del universo que no, nunca. La quinta sería ir gestionando todos esos yoes para que jueguen en tu favor y te permitan vivir en sociedad y esas cosas. Ser de una manera porque “no puedo ser de otra, no queda bien, está feo, pepito el de los palotes no va a ser mi amigo entonces, socialmente no está bien visto, (…inserta aquí cualquier otra excusa…)” te hace más esclavx. Aceptar todas tus posibilidades es lo que te hace elegir libremente.

Como al parecer me siento un poco instructiva y práctica hoy también voy a proponeros un par de cosas que a mí me sirven para avanzar en este viaje personal.

¿Cómo conocer a tus diferentes yoes? 

Haz una lista de adjetivos, expresiones, frases que sientas que te definan (sí, yo también soy la loca de las listas). Deja pasar un rato. Léela de nuevo, no vale tachar nada. Prueba a alargarla. ¿Hecho? Ahora escribe lo contrario de todo lo que has puesto. ¿También eres todo eso? Me alegra informarte de que sí, también puedes ser todo eso, otra cosa es permitírtelo. Dile hola qué tal a tu nuevo abanico de posibilidades. Es posible que muchas no te gusten o que  descubras facetas que quieres explorar y desarrollar más.

La coherencia no está en no ser cosas contradictorias, está en poder ser lo que eres en cada momento, aunque a veces sea distinto de lo que pensaste/hiciste/ sentiste la última vez (y menos mal). 

Ponerles etiquetas no es la solución definitiva, ni la única manera, pero empieza a abrir el campo. Viajando muchas de ellas simplemente se despliegan ante ti porque la situación lo requiere y sólo te queda mirarte sorprendidx y decir “¡anda, lo que acabo de hacer!” A parte de anda puedes decir ostia, joder, mierda o cualquier otra palabra que se te ocurra, hasta caramba o rayos y centellas. Es tu nueva faceta, tú eliges como saludarla, yo no me meto. Sólo recuerda no escupir, ni pegar, ni agredir. Queda feo.

Sí, habrá días que tu(s) parte(s) que no te gustan estén demasiado presentes y quieras hacer cualquier cosa menos aceptarlas. Sólo querrás que se vayan, hacer como que no están, huir de ellas. “Cambiarlas, quiero cambiarlas”. Sé que es lo que estás pesando.

¿Conoces a alguien que sepa cambiar un motor sin saber como funciona, sin conocer dónde están las piezas y para que sirven, poniendo en duda todo el funcionamiento? ¿Te parece inteligente abrir el capó de tu coche y quitarle algo simplemente porque no te gusta? Bueno pues lo mismo pasa contigo.

Si estabas pensando en irte de viaje para olvidarte de todo esto siento informarte que estás MUY equivocadx. Viajando vas a tener todo el tiempo del mundo contigo mismx y, aunque a veces puedes escaparte de ti, otras te estás esperando a la vuelta de la esquina, así que no te queda más remedio que aceptarte si no quieres estar peleándote contigo siempre. ¿Cómo se hace eso? No es fácil, pero aquí va la segunda propuesta. Ríete de ti mismx, por ejemplo escribiéndote una carta desde otra parte de tu yo. Es decir un día que estés en otra faceta, de otra manera, vamos que estés contentx. Recuerda, nada de escupirse, ni machacarse. Todo con cariño y humor.

Te dejo mi propia práctica para que así de paso yo pueda hacer el paso número cuatro: mostrarme. Te animo a que tú te muestres a través de los comentarios. ¿Cuáles son tus yos que no te gustan? ¿Qué les dirías? Ríamonos en conjunto, es mucho mejor que hacerlo solx.

Querida yo quejica:

Sé que existes, que estás ahí. Es más, a veces estás muy aquí y poco ahí. Tú ya me entiendes. O es posible que no y que vayas a decir que puedo expresarme mejor. Sí, ya sé que siempre puedo hacer las cosas mejor. También que las cosas siempre pueden ser más perfectas, más grandes, más bonitas. Ya te encargas de contármelo de vez en cuando. Es más, a veces hablas mucho así que hoy te voy a hablar yo a ti y te lo voy a dejar por escrito para que lo puedas leer cada vez que salgas.

Voy a contarte del viaje y de todos y cada uno de los lujos que te da la vida viajera porque a veces hace falta que las cosas no sean perfectas para apreciarlas. Por cierto, antes de que lo pienses tú y lo critiques ya te lo digo yo: todos pueden ser lujos absurdos.

Lujo absurdo nº1: Tener una toalla para el pelo.

Sí, como lo oyes. Ha habido algún día que has podido tener una toalla ÚNICA Y EXCLUSIVAMENTE para el pelo. Nada de secarte con una mini toalla de esas que casi raspan y secan a medias pero que son ultraligeras y de secado ultrarápido. Esa que si no quieres que se te vea el culo se te ve la teta y viceversa. Y te voy a contar porque es un lujo. Mientras te pones esa, la otra toalla, de la mejor manera posible cuando hace frío para secarte rápido y no estar mojada, tu pelo que no tiene toalla no hace más que funcionar como una nueva ducha. Hay gente que se pregunta como se mojan tanto los suelos de los baños compartidos de los hostales. Esta es la razón. Las personas con pelo largo NO llevamos toallas exclusivas para el pelo y podemos funcionar como una manguera. Y lo peor no es que mojemos el suelo, no, lo peor es que como haga frío, mientras te quitas la toalla para ponértela en el pelo vuelves a mojarte el cuerpo con lo que chorrea. Puedes comenzar esta sucesión de acontecimientos varias veces hasta que mueres por hipotermia.

Lujo absurdo nº2: Tirar el papel al váter

¿Tú sabes lo que es tener la costumbre de tirar el papel directamente al váter y pensar que vas a atascar el mundo porque se te ha olvidado? He visto carteles en baños que amenazaban con cortarte la mano o matarte si no lo hacías. Unx se acaba cagando de miedo y se pregunta si es que lo hacen para facilitar el tránsito intestinal. Hay gente (amigxs de amigxs siempre) que han llegado a tirar tanto papel que cuando se han acordado han tenido que meter la mano para recogerlo y tirarlo a la papelera. Te parece un asco, ¿verdad doña quejica? Ni tú ni yo sabemos que es hacer eso, a mí me lo han contado. Yo sé que siempre te acuerdas de tirarlo a la basura y que por eso te quejas. No sabes el placer de no ver ni cartel ni papelera un día y sentir que puedes tirar el rollo completo si hace falta. Claro que luego pasa lo que pasa…

Lujo absurdo nº3: La ropa 

¡Ja! Te pille desprevenida. ¿Qué pasa con ella?- te preguntas. Pues por ejemplo: la ropa blanca. Todo un tema. ¿Alguna vez llevaste ropa blanca en tu mochila? Es el eterno mito viajero. Esa camiseta ¿siempre fue gris?, esa chaqueta ¿siempre fue beis? Alguna vez existió la ropa blanca y no sabes que lujo estar viajando y ponerte algo BLANCO, impecable. Da casi tanto placer como que se te rompa una prenda y te puedas poner una nueva o conocer a alguien que te pueda dejar algo y sentir que, por un día, no llevas el mismo modelo de los últimos días/meses.

Lujo absurdo nº4: La comida

Comprar chocolate. Ya. Lo he dicho. No tendría más que añadir si no supiera que vas a quejarte de que soy escueta. El chocolate es el lujo (… o incluye aquí tu antojo innecesario…) por excelencia del/de la viajerx. Llevas el presupuesto ajustado y el gasto en comida se reduce a lo estrictamente necesario. El día que comes chocolate te crees la reina o el rey del mambo. Eres millonario, rico, derrochador. “Yo invito”.

Eso sí, las cervezas no son ningún lujo eh. Casi casi tienen su propia partida del presupuesto. Al fin y al cabo son la base de la socialización con desconocidxs. En un 68, 22% de los casos las relaciones de más de tres frases se establecen a partir de un ¿vienes a tomarte una cerveza?. El 31,78% restante se descompone en:

20% otros alcoholes = ¿te vienes de fiesta?,

8% compartir habitación/cocina=  Hola ¿de dónde eres?¿cuánto tiempo llevas viajando?¿qué has visitado? ¿quieres venir a ver (…introduce aquí el sitio que hay que ir a ver en la zona…)?,

2% compartir baño (sí, las colas de los baños dan para mucho),

1,78% otros, como por ejemplo no tener palo selfie y tener que pedir que te hagan una foto.

Lujo absurdo nº5: Tirarte un pedo. 

Sí bueno, igual soy muy escatológica, pero ¿sabes que gusto da entrar en un baño y poder tirarte un pedo sin pensar que al salir te habrá escuchado todo el mundo? He oído pedos en hostales a tres habitaciones de distancia, he visto gente que va a las tres de la mañana al baño pensando que tiene intimidad Y NO. Las paredes son de papel, nunca lo olvides.

Podría seguir, querida yo quejica, pero creo que con esto te haces una idea de lo absurdas que son tus quejas. Si el mundo fuera perfecto y todo fuera siempre mejor de lo que es no podrías valorar los lujos de poder tener una toalla para el pelo y no crear una piscina en el suelo (que además te delatará porque irás dejando la marca de la chancla mojada hasta tu cuarto), tirar el papel al váter sin miedo a que te deporten, dejar de preguntarte el color originario de la ropa (y por ende replantearte el origen del cosmos y del universo), aguantar el mono del chocolate o tirarte un pedo a gusto. Sobre todo, si el mundo fuera perfecto, nunca valorarías cuando puedes y cuando no, tirarte un pedo a gusto. Recuerdalo.

Te mando muchos besos.

Firmado: Tu yo de guasa

 

Todas las ilustraciones son de Sara Fratini.

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