Vivir viajando

Crecer viajando: Entrevista a Ori, Esto es mi diario salvaje

Episodio #1 de Crecer Viajando, una serie de entrevistas a viajerxs en las que hablan sobre sus experiencias de crecimiento personal a través del viaje. 

Viajar potencia el desarrollo personal y después de 9 meses recorriendo sola sudamérica se ha convertido en una certeza absoluta para mí. De hecho os conté 8 cosas que aprendes sobre ti viajando basadas en mi experiencia.  Sí, soy una pesada y siempre lo repito, así que he decidido empezar a preguntar a otras personas para que no sea siempre yo quien os cuente la misma historia y podáis conocer otras experiencias.

Hoy os traigo la historia de Oriana Vázquez del blog Esto es mi diario salvaje. Ha estado los últimos dos años por EEUU, Canadá, Cuba, México y Guatemala y nos cuenta cómo ha influido este tiempo viajando en su crecimiento personal. Os dejo con ella:

 

Después de casi dos años viajando sin una casa a la que volver y llevando todo lo que tengo en una mochila, miro hacia atrás para ver si reconozco a la Ori del pasado y me siento tan diferente que es como si hubieran pasado muchas vidas desde entonces.

Todo cambió, no como un cliché más de otro texto de viajes, sino como una verdad que no solo implica el lado bueno de las cosas sino también el dolor que lleva consigo crecer.

Crecer sería precisamente la palabra que utilizaría para poder hablar de una experiencia que ha estado llena de pequeñas cosas y de lecciones que no tienen nada que ver con las expectativas que yo me había generado en un principio.

Salí corriendo de una vida que me asfixiaba y en el camino fui entendiendo que parte de lo que no me dejaba respirar estaba allí en Madrid y que otra parte estaba conmigo, a 400 mil kilómetros de distancia en montañas llenas de nieve helada.

Nunca pensé que viajaría tantas horas de avión para quedarme encerrada en una casa, pero hubo momentos en los que lo único que me ayudó a sanar fue parar y encerrarme entre cuatro paredes y una moqueta para recordar quién soy yo y qué es lo que me hace latir el corazón fuerte. Viajar fue un poco aprender a tener paciencia y dejarme llevar por lo que me regalaba cada lugar.

Al mismo tiempo nada me hizo más feliz que llegar tan lejos, como nunca me hubiera imaginado. Cuando el cartel de Alaska apareció en la carretera sentí que pedacitos de mí se fueron quedando atrás y que dieron paso a cosas nuevas y necesarias. La manera en la que cambiar cada día de sitio en el cual dormir moldeó mi carácter sólo lo puede saber bien la luna que cambió de fase al mismo tiempo que yo iba mudando piel.

La paradoja fue total. He descubierto que necesito el movimiento y la calma al mismo tiempo para poder ser feliz.

Subir las montañas, hablar con extraños, aprender nuevos idiomas, nuevas formas de comunicarse… El mundo me lleva poniendo a prueba con todo tipo de casualidades y ahora creo muy ingenuamente que puedo adaptarme a casi todo.

Cuando viajo es el único momento en el que estoy lo más cerca posible del presente. El futuro no ha sido nunca algo que me obsesione especialmente pero solo cuando los estímulos son tantos que no queda más remedio que rendirse ante lo que estás viviendo, experimento esa sensación de que todos mis sentidos están enfocados en el mismo momento en el tiempo.

Cuando me fui pensaba que viajar iba a ser un escape, que mágicamente todo lo que estaba desalineado en mi vida se ajustaría de manera automática. Ahora después de cinco países y de muchísimos kilómetros entiendo que viajar no lo soluciona todo.  El viaje no es más que la opción que yo elegí para vivir en el hermoso arte de estar cada vez más presente y eso incluye la responsabilidad de enfrentar lo que no me gusta.

El movimiento es quien soy y, aunque cada semana cambia la manera en la que veo al mundo, hay algo que se mantiene intacto: la felicidad de haber descubierto mi verdad.

Viajar no es una moda para mí, no tiene nada que ver con la torre Eiffel y con el canal de Venecia y a la vez es simplemente eso, sentarme en una escalera a asumir lo hermoso que es el mundo. Siento como mis moléculas se han reordenado y hay cosas que he aprendido que han calado muy hondo y ya son parte de mí.

Viajar es difícil, es hermoso, es estresante, es vivir en la soledad muchas veces y es tener excesiva compañía muchas otras. Es morir de calor en países del trópico y entender que el frío imposible de aguantar te deja sin respirar y duele en las piernas. Viajar es querer en la distancia y vivir diciendo adiós a personas que quieres casi igual como a otras que han estado allí siempre en la vida.

Viajar es lo que ha conformado la persona que soy y abrazo a la vida por eso. Viajar para mí es decir muchas veces: Gracias.

*****

Muchas gracias a Ori por haber participado en estas entrevistas sobre crecer viajando. Podéis leer sus viajes y reflexiones en Esto es mi diario salvaje y ver sus imágenes en su Instagram.

Si queréis leer más entrevistas de Crecer viajando podéis hacerlo aquí.

Leave a Reply