Vivir viajando

Crecer viajando: Entrevista a Adriana, Idas y Venidas

Episodio #4 de Crecer Viajando, una serie de entrevistas a viajerxs en las que hablan sobre sus experiencias de crecimiento personal a través del viaje. 
Hoy os presento a Adriana, del blog Idas y Venidas, una opositora que se escapa de viaje cada vez que puede. Para que veáis que no hace falta estar siempre en ruta. Os dejo con ella: 

La primera vez que monté en un avión tenía menos de quince años y lo hice sola. No me recuerdo especialmente nerviosa, pero sabía que aquello era especial y una experiencia que jamás olvidaría. Normalmente no me ha importado lanzarme a la aventura, darlo todo por aquello que más me gusta y me apasiona. He tenido la suerte de crecer en un hogar donde no se me han cortado las alas; al contrario. Mi madre siempre me ha alentado a dejar el nido. Ella quería verme volar, sentirme libre.

Al principio, cuando tomé aquella avioneta en dirección a África no era consciente de que aquello que estaba haciendo fue la semilla de algo que, con los años, me ha transformado como persona.

No volví a pisar un avión hasta que volé a Roma y después, todo vino seguido.

Lo de Atenas fue un amor a primera vista. Estoy deseando volver por tercera vez y descubrir cosas nuevas de ella.

 

En agosto de 2015 viajé sola durante 34 días desde Roma hasta Copenhague y durante este trayecto de mi vida fui feliz.

Esa felicidad que te proporciona saberte capaz, útil; creerte capacitada para afrontar cualquier situación, aunque estés sola y no tengas más que un par de mapas y algún que otro euro suelto en el bolsillo.

Con mi mochila de aquí para allá, visitando lugares que siempre había querido ver y otros que descubrí por cosas del azar. Poco a poco fui perdiendo el miedo y la vergüenza a hablar en inglés con otros viajeros; el miedo a estar sola pasó a ser un recuerdo lejano y cada vez atesoraba más los momentos en soledad, sentada en una plaza transitada por miles de turistas; descubrí que esos momentitos de escribir en mi diario de viaje eran tan gratificantes como el levantarte por la mañana sin saber qué es lo que te depararía ese día.

Ver el anochecer desde un campo de girasoles de la Toscana: una de esas experiencias inolvidables.

 

Atesoro este viaje como el momento en mi vida en el que llegué a conocerme y en el que supe y puse en orden mis prioridades, mis anhelos y mis pasiones. Entendí que me quedaba mucho camino por recorrer para redescubrirme y volver a juntar las piezas que había perdido por el camino. Poco a poco sentí que iba completando aquellos vacíos que había en mi vida, quería recuperar aquellas aficiones que había dejado olvidadas para centrarme en otras que no eran mis aficiones, si no las de otra persona.

Durante el viaje quizá uno de esos días te levantas y resulta que te encuentras más nostálgica de lo normal. Resulta que es completamente normal sentir que quieres compartir algunos momentos con seres queridos, contarles a tus padres la locura que has hecho haciendo dedo en la mitad de la Toscana; decirles a tus amigos lo bien que te lo estás pasando mientras te tomas unas cervezas en pleno centro de Berlín; enseñar a todos tus colegas la comida tan rica que estás probando por Italia o simplemente, mirar el móvil y ver que, aunque estés a miles de kilómetros de distancia, aquellas personas que te quieren siguen estando ahí.

Viajando sola conocí muchísimas personas por el camino. Aprendí cosas de cada una de ellas, para bien o para mal.

Cuando volví de este viaje no volví como una persona diferente, si no que volví más conocedora de mí misma y con muchas heridas que sanar. Porque cuando una viaja sola tiene mucho tiempo para pensar y reflexionar sobre lo que siente, y eso siempre asusta.

Entendí que tenía una tarea pendiente: vencer esos miedos que me impedían vivir con coherencia y seguir adelante.

Una persona muy importante en mi vida me dijo algo que siempre tengo presente: viajar para huir de los problemas no soluciona nada, porque a la vuelta, el problema seguirá ahí. Entendí que era necesario un esfuerzo personal de introspección y el autoconocimiento si quería cambiar las cosas.

Decidí que jamás iba a volver a dejar de lado aquellas cosas que me gustaban por suplir las necesidades de otras personas, porque al final, lo que nos gusta y nos enriquece es personal e intransferible y sólo nosotros somos capaces de cultivarlo y ser felices con ello. Fue entonces cuando la idea de hacer un blog de viajes comenzó a rondar mis pensamientos.

Entendí que lo que me apasionaba era viajar y enseñar al mundo los lugares que visitaba y que si, además, podía escribir sobre ello y transmitir mis emociones y sentimientos, se unirían dos de mis grandes pasiones: escribir y la fotografía.

A veces es tan simple como aceptar los fallos que cometemos y perdonarnos. Saber convivir con nosotros mismos y encontrar el equilibrio.

 

También es cierto que viajar sola no tiene por qué ser algo profundo y terapéutico. Todo depende del momento de tu vida que estés pasando. Una persona puede viajar sola porque le gusta más ir a su aire, porque prefiere conocer gente durante el camino, porque no quiere ataduras o, simplemente, porque le gusta. Pero sí que creo que el estar con una misma durante tanto tiempo ayuda a que surjan ciertos pensamientos. En mi caso tenía muy claro cuál iba a ser mi camino en el futuro. Mi presente iba tomando forma y mi pasado requería de cierta mano de pintura. Supongo que eso de “borrón y cuenta nueva” no va mucho conmigo, y durante este periplo mi pasado fue mi compañero de viaje, para bien o para mal.

Para mí viajar significa saber perderse y salirse del camino siempre que se pueda

 

Cuando vuelves de un viaje, ya sea en solitario, con amigos o con pareja, creo que es importante analizar el poso cultural que ha dejado.

Viajes donde viajes, sea con quien sea, siempre hay un aprendizaje posterior que es importante interiorizar.

A pesar de que me he movido más por Europa (y se supone que son lugares más parecidos a nivel sociocultural) casi siempre he vuelto con algo nuevo en la mochila. Las diferencias sociales que a día de hoy todavía existen en países que se suponen avanzados y desarrollados; cómo han afectado los diferentes hechos históricos a una sociedad en concreto; cómo han influido las sucesivas invasiones de países en las costumbres y las tradiciones; el por qué de la actitud de muchos pueblos hacia países vecinos y cómo determina su comportamiento con el turista; la clara diferencia que hay entre los países del norte de Europa y los del sur, a nivel socioeconómico, e incluso la diferencia que hay entre el norte y el sur de un país concreto. Supongo que son observaciones que me hacen sentir más conocedora del mundo, de su funcionamiento y sus injusticias. Eso sólo me impulsa a querer cambiarlo y convertirlo en un lugar mejor.

Saber valorar lo que tenemos es algo primordial cuando nos decidimos a viajar.

 

Dicen que alcanzar la libertad es lo que te puede proporcionar la felicidad. Que, si llegas a ese estado de liberación personal, de sentir que eres capaz de todo, de sentirte poderoso porque puedes elegir por ti misma, es cuando por fin puedes ser feliz.

Así que, al final, para mí viajar es eso: la felicidad.

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Muchas gracias a Adriana por haber participado en estas entrevistas sobre crecer viajando. Todas las fotos de este post son suyas. Podéis seguirla en su Instagram y en su blog. 

Si queréis leer más entrevistas de Crecer viajando podéis hacerlo aquí.

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