Diario de a bordo, Uruguay

Colonia del Sacramento: fin del viaje por Uruguay.

Hace ya casi un mes y medio que salí de Madrid con rumbo a las américas. Ya os contaba que los primeros quince días tuvieron una parte de crisis con muchas dudas y muchas preguntas. Desde entonces no he vuelto a contaros qué tal va todo y lo cierto es que ha sido porque el viaje ha dado un giro desde entonces y no he parado.

Después de recorrer Uruguay por los balnearios, a través de Punta del Diablo, Cabo Polonio y La Pedrera, me volví a Montevideo. Esta segunda vez decidí que me alojaría en casa de algún Couchsurfing para poder conocer un poco más la cultura uruguaya y salirme de los hostales.

Lo bueno de couchsurfing es que en casi todas las ciudades tiene un grupo de emergencia en el que poder pedir alojamiento en el último minuto. Es muy útil para las personas que no sabemos fechas concretas de llegada.

Una hora antes de que saliera el bus que me llevaría a la ciudad, bajo un cortina de agua, lancé mi solicitud al espacio cibernético esperando llegar a Montevideo con alguna propuesta. Me contestó un chico uruguayo que llevaba muchos años alojando y eso se nota porque Santiago me hizo sentir como en casa. Horas más tarde tenía un par de propuestas más que demostraban la simpatía de la comunidad couchsurfing y de los uruguayos en particular.

Como ya conocía la ciudad durante cinco días me dediqué a descansar, recuperarme de haber estado mala, poner en orden mi cabeza y comenzar a responder a esas preguntas de cómo quería viajar. Me di cuenta de que no tener ni la más remota idea de cuales eran mis siguientes pasos me estresaba un poco y también el plantearme estar todo el día en la calle visitando. He de decir que no solamente no había planificado ruta sino que, a parte de una idea aproximada del orden de países que quería hacer, había dejado toda la búsqueda de información de los lugares para hacerla in situ y fue un error. No quería tener que estar todos los días pendiente del ordenador o el móvil para saber qué hacer o dónde ir. Decidí que dedicaría unas horas/días a informarme de los posibles trayectos por los países cuando llegara, dejando las fechas abiertas pero sabiendo cuales serían los próximos destinos si no surgía ninguna opción alternativa que me gustara más.

Jardín japonés de Montevideo

Fueron días de adentrarme un poco más en la cultura uruguaya. Salí de cena con mi couchsurfing y sus amigos a un patio cervecero: la parte trasera y exterior de una casa convertida en bar en la que vendían cerveza artesana. Con algunos de ellos fui también a ver las ofrendas a la diosa del mar, Iemanjá, que se producen los 2 de febrero en todos los países americanos del atlántico sur. En Montevideo se hacen en Playa Ramírez al atardecer y es todo un espectáculo pues la playa se llena de gente, barquitos con frutas y esculturas de Iemanjá y agujeros en la arena llenos de velas.

Huecos en la arena llenos de velas.

Ofrendas a Iemanjá

Ofrenda a Iemanja

Confirmé mi amor por los churros rellenos de dulce de leche y puse en práctica mis dotes culinarias para cocinar tortilla de patata y salmorejo. Vi el documental “Jamás leí a Onetti” que está en Youtube y descubrí al conocido autor uruguayo a través de la mirada de su esposa, diversos periodistas, músicos, ilustradores y Galeano, que contaba que Onetti le animaba a escribir a mano y no a máquina. Un personaje este Onetti, escritor que tuvo que exiliarse y vivía prácticamente metido en la cama. Me pareció divertida la anécdota que contaba Galeano sobre el día que Onetti quedó con unos estudiantes y, tras no abrir a pesar de las muchas llamadas a la puerta, deslizó un papel por debajo de la puerta diciendo “Onetti no está” con su letra inconfundible.

Tuve la gran oportunidad de conocer a Cristhian, ilustrador de Corta la Bocha, al cuál estoy enormemente agradecida por haber hecho un hueco en su agenda. Lo que pretendía ser una entrevista para el blog acabó convirtiéndose en una charla cervecera con él y otro amigo acerca de la política española y uruguaya. Lamentamos los feminicidios, hablamos de feminismo y masculinidades, de movimientos sociales y de centros okupados que hacen bien a la comunidad. Aquí podéis leer nuestra conversación viajera.

Viendo que llegaban de nuevo las lluvias me despedí de Montevideo rumbo a Colonia del Sacramento, una maravilla de ciudad patrimonio de la humanidad donde vi unos atardeceres increíbles sobre el río de la plata.

De nuevo me alojé en casa de una couchsurfing siguiendo con la intención de conocer un poco más Uruguay. Pame y sus dos hijos me recibieron con los brazos abiertos, junto con los dos gatitos que me acompañaban mientras estaba en casa y un desfile de viajeros durante los días que estuve allí. Así fue como probé las coxinhas, un aperitivo típico brasileño que sólo puedo describir como puré de patatas empanado y frito relleno de pollo con tomate, o como conocí a Joel, viajero argentino que llevaba 7 meses en ruta con la intención de visitar todas las provincias de todos los países de Sudamérica en siete años. Entre reflexiones viajeras le puso fecha de lanzamiento a su blog Buenas Rutas y entre conversaciones descubrimos como hacían los uruguayos para sobrevivir en un país tan caro: los prestamos. Cada localidad de Uruguay tiene decenas de casas de prestamos y créditos, como los bares en España, uno en cada esquina. Mucha gente, sobre todo la que cuenta con menos recursos económicos, vive endeudada siempre para poder sobrevivir.

Colonia del Sacramento

 

La primera noche de Colonia me hice un bar habitual, Que lo parió Mendieta, local lleno de cuadros y tiras cómicas en las mesas al que volvía todos los días a tomar algo. El dueño me recibió como si fuera de allí desde el primer día, invitándome a comer asado con ellos una de las noches. Es un experto en el mundo social y político de Colonia y Que lo parió Mendieta se convierte en una parada obligada para quien quiera conocer un poco de la escena alternativa de la ciudad.

Mi bar habitual: Que lo parió Mendieta

Aunque los viajes se hacen por los lugares empiezan a tener sentido cuando se les une la gente y las conversaciones que amplian la mirada de lo que vemos. En Uruguay no sólo descubrí que la marihuana es legal, como saben muchos turistas, sino que no tiene infraestructura legal de venta a pesar de los años de legalización. También que el presidente, Tabaré Vazquez es médico oncólogo, que eso se nota en todas las campañas para reducir el consumo de tabaco y que ya había sido presidente antes de José Mujica. Y hablando de Pepe, me sorprendió mucho que el nuevo mito de la izquierda occidental, no sea tan mito en el país donde gobernó. Nadie me habló de él como el ídolo que nos venden sino como alguien que hizo muchas cosas buenas gobernando para los pobres pero que también tomó muchas decisiones sin planificación que resintieron la economía. Incluso sus más fieles seguidores tenían críticas sobre su mandato y eso me parece digno de un pueblo inteligente que es capaz de ver más allá de su ídolo, reflexionar y hacer críticas constructivas.

Atardecer en Colonia

Terminé mi estancia en Uruguay, ese país que me parecía tan caro y distante al principio y que acabó resultando abierto y hospitalario, cruzando en barco a Buenos Aires. Pero esa es otra historia que os contaré más adelante.

Puerto viejo de Colonia del Sacramento

¡Gracias por seguir el viaje desde el otro lado de la pantalla!

Os recuerdo que podéis seguirlo en directo a través de Instagram, Facebook y Twitter.

4 Comments

  1. Ori

    25 Febrero, 2017 at 17:52

    Que lindo todo. Esas ofrendas, viajar en barco 🙂
    Leerte es la felicidad.

  2. Sara

    26 Febrero, 2017 at 17:30

    Me uno a Ori, me encanta el post y me encanta leerte también =D

    1. Pepa

      26 Febrero, 2017 at 18:24

      Gracias bonita 🙂

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