Vivir viajando

Cómo aprender a despedirse usando un viaje

“Crecer es aprender a despedirse.”

Ya comenté en otro artículo que tomar una decisión implica siempre renunciar a cosas. Y por muy ilusionante que sea decidir dejarlo todo para irse a recorrer mundo o cogerse un año sabático no es una elección exenta de pérdidas. ¿Y sabes por qué? Justamente porque has decidido dejarlo todo y por eso hoy toca hablar de cómo hacer las despedidas para aprender a hacer duelos. 

¿Qué es el duelo?

El duelo es un proceso natural que aparece ante una pérdida. De forma espontánea surgen una serie de emociones y comportamientos relacionados con esta y que tienen como función ir ayudando a la mente a asimilar y aceptar poco a poco lo que ha ocurrido. Asociamos los duelos a la tristeza y el dolor pero no son las única emociones que aparecen en ellos, también puede haber miedo, rabia, frustración, alegría, alivio…

Los duelos varían en intensidad según las personas y el tipo de pérdida: no es lo mismo una muerte, que una separación, que una mudanza, que perder un trabajo. Tampoco el duelo por la pérdida de un trabajo, por ejemplo, será igual si te gusta, si no, si te han despedido o si lo dejas tú. A lo largo del post hablaré de la decisión de irse de viaje pero tú puedes aplicarlo a cambiarte de ciudad, de trabajo o a cualquier otra situación que necesites.

Ante un viaje los duelos que aparecen son de poca intensidad y por eso tendemos a obviarlos o no darnos cuenta de ellos pero eso no implica que no estén ahí. Y justamente por tener una magnitud fácil de manejar podemos usarlos para aprender a cerrar cosas que nos permitan abrir nuevas. Evitar los duelos sólo sirve para dejar cosas pendientes, no poder cerrar o asimilar pérdidas y eso dificultará poder aprender o vivir nuevas experiencias. ¡Mucho mejor aprender a hacerlos!

¿Por qué son importantes las despedidas?

A muchas personas les cuesta cerrar etapas, dejar ir a personas, despedirse y hacer duelos en general. Me incluyo entre ellas. En el caso de una decisión como la de irse de viaje durante un tiempo largo (o cualquier que se haya tomado con muchas ganas) hay tanta ilusión con el proyecto, tantas ganas de cambio, que a veces olvidamos que perdemos cosas en el camino y que hay que despedirse de ellas. Puede parecernos una tontería pero son muchas pequeños procesos de duelo que se abren sin que muchas veces seamos conscientes de ellos. No es necesario ponernos a analizarlos todos pero sí darles la importancia que se merecen para no dejar cosas pendientes.

Marcharse implica, por ejemplo, no ver a familia ni amigos y quizás no poder estar presentes en momentos importantes para sus vidas como nuevos trabajos, parejas, mudanzas, cumpleaños, bodas, embarazos… Tampoco vamos a poder compartir con ellos en persona todas las cosas que nos hagan crecer en nuestro camino. Claro que seguiremos estando por skype, mail, carta o cualquier otro medio que se nos ocurra pero hay que despedirse de estar presente, de los abrazos y de los besos. Sí, es triste, pero ser conscientes de ello permite que aprovechemos para hacer ahora lo que no podamos hacer después.

¿Por qué usar el viaje para aprender a despedirse?

Primero porque marcharse ya permite aprender a despedirse de una forma distinta. En lugar de irse y ya está porque “total vamos a volver y la gente seguirá estando ahí” podemos usar ese momento para practicar el ser conscientes de que hay cosas que ya no volverán a ser iguales. Ya no vas a estar con esas personas en las circunstancias vitales que tenéis en ese momento, ni con esa edad, ni con esos trabajos, puede incluso que cuando vuelvas ni siquiera compartáis muchas de las cosas que antes hacíais. Las pérdidas no son malas, las personas crecemos y pasamos por muchas etapas distintas que nos permiten avanzar, tu vida y tus relaciones están cerrando una etapa y abriendo una nueva ¡aprovéchalas! 

Poder sentir la tristeza de las pérdidas te ayudará a no evitarla en futuras ocasiones pero es que no sólo nos despedimos de gente, también de rutinas y lugares. Y seguro que muchas cosas te alegrará que no vayan a estar en tu vida. ¡Disfruta de decir adiós al despertador!

Por otra parte estar de viaje es una despedida constante: de lugares y de personas. Cada x días hay que dejar un sitio para poder llegar a uno nuevo. ¿Qué mejor momento para practicar? Nos encontramos ante un escenario inédito y muy difícil de replicar viviendo en un sólo lugar.

Claves para despedirse

Lo ideal es poder elegir un momento y un lugar en el que despedirse. Para hacerlo con muchas personas se puede hacer un encuentro/ fiesta de despedida general o especial con personas particulares. No sólo eso es importante, también lo son los gestos y las palabras, que puedas decirle a cada persona lo que necesites decirle y que puedas despedirte con abrazos, besos o miradas.

Puedes usar ese momento de despedida para pedir a la gente que te recomiende una canción, por ejemplo, para poder crear una lista de reproducción con la que sentirte acompañada por esas personas aunque no puedas estar con ellas. Se trata de poder despedir esa etapa que finaliza y poder darle continuidad a las relaciones de una manera distinta.

A veces hay personas con las que no se puede hacer en el momento, o no hemos sido conscientes hasta que es tarde. En esos casos recomiendo las cartas de despedida. Hay mil formas de hacerlas pero la parte común a todas ellas es la de escribir lo que venga para poder cumplir la función de decir lo que necesites. Pueden ser a personas concretas (y luego puedes decidir si hacérselas llegar o no), pero también puede ser a personas que ya no están, a grupos, a espacios o a lugares. A mí por ejemplo me gusta despedirme de las ciudades a través de las Cartas abiertas que puedes leer en el blog.

Y a ti ¿te cuestan las despedidas? ¿Cuáles son tus maneras de hacerlas? ¡Si estás viajando o fuera de tu lugar de origen sería genial que contaras cómo fue tu despedida! ¡Compártelo en los comentarios!

Descubre más crecimiento personal a través del viaje en el resto de post.

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