Desafíos creativos

30 días escribiendo: día 2

Este texto forma parte del desafío creativo 30 días escribiendo

Lo confieso.

He estado un poco perdida en el espacio tiempo de la vida sin escritura. Y me lo pide el cuerpo, a gritos, esto de coger una libreta, que nazcan palabras y se formen cuentos. No sé qué cuentos, no sé qué historias y no tengo un día a día que hoy me importe tanto como para creer que es necesario dejarlo plasmado en algún lugar. Mucho menos en uno público. Me pregunto

¿Qué fue de aquellas plataformas llenas de escritos sin utilidad alguna? 

¿Qué fue de la época en la que vida sin viajes era suficiente por si misma?

¿Vivimos diciéndonos constantemente que no somos interesantes si no viajamos?

¿Qué pasa cuando no podemos/ no queremos hacerlo?

Parece que hemos dejado de interesarnos por nuestras vidas cotidianas para pasar el tiempo pensando en cuál será el siguiente destino. Planeando una futura vida cotidiana que nos interesa única y exclusivamente porque es en otro lugar. Reconozco estar muchas veces ahí, convirtiendo los viajes en una manera de evadir el presente que no es en movimiento.

Sin embargo ha sido parar lo que me ha aportado que varios relatos míos vayan a salir publicados en un libro, lo que me ha dado tiempo y espacio para empezar a vender artículos, la posibilidad de coordinar algún viaje. Es lo que ha hecho que coincidiera en la misma ciudad con personas con las que montar proyectos conjuntos.

Viajar está bien. Muy bien. No me imagino la vida sin esa adrenalina de vez en cuando.

Pero no hacerlo también está bien. También trae cosas increíbles que nunca habría imaginado que sucederían.

Porque no es ni la quietud 

ni el movimiento. 

Es ponerle ganas y perseguir los sueños. 

  

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